La idea de que «un motor mayor no hace daño, solo consume lo que pide la carga» vale en funcionamiento normal; el riesgo está en los momentos anómalos. El par de arranque y el par máximo de un motor asíncrono pueden superar claramente su par nominal. Cuando la máquina se atasca o la carga da un golpe brusco, ese par llega a la salida del reductor multiplicado por la relación.

Consecuencias posibles:

  • desgaste, picado o rotura de los dientes,
  • daños en el eje de salida o en la chaveta,
  • fallo prematuro de rodamientos,
  • que la brida no encaje en la entrada del reductor porque el motor es de mayor tamaño.

Si de verdad hace falta más potencia, lo correcto es pasar a un tamaño de reductor superior. Si el motor actual no basta, primero hay que averiguar la causa: relación inadecuada, sobrecarga o pérdidas elevadas. En máquinas con riesgo de atasco también puede valorarse una protección mecánica, como un acoplamiento limitador de par.