Un ventilador de extracción de 37 kW funciona 6000 horas al año con la compuerta de salida medio cerrada. En la reunión de presupuesto de mantenimiento se propone cambiar el motor IE3 por uno IE4. Al hacer las cuentas, el panorama cambia: la mejor clase de motor ahorra unos pocos miles de kWh al año, mientras que abrir la compuerta y hacer girar el ventilador a la velocidad que el proceso realmente necesita puede ahorrar más de diez veces esa cifra con el mismo motor. Casi todos los planes de ahorro empiezan por el motor, aunque la mayor parte de las pérdidas está delante y detrás de él.
Conviene ver la energía como una cadena: la alimentación, el motor, la transmisión, la máquina accionada y, al final, el trabajo que el proceso pide de verdad. Cada eslabón pierde una cantidad distinta y cuesta distinto corregirlo. A continuación se recorre la cadena empezando por donde suele estar el mayor margen.
Primero medir: qué motores forman la factura
Saber cuántos motores hay en la planta no es lo mismo que saber cuáles pesan en la factura eléctrica. Para empezar basta una lista sencilla: potencia nominal, horas anuales de funcionamiento y corriente medida con pinza amperimétrica. Comparar la corriente medida con la de la placa da un grado de carga aproximado, y el producto de los tres datos sirve como puntuación de prioridad. Una bomba contra incendios de 45 kW que funciona 300 horas al año queda al final; un ventilador de torre de refrigeración de 11 kW que trabaja a tres turnos sube a los primeros puestos.
Sin esa lista, la atención se va al motor más visible: el más grande, el más ruidoso o el más viejo. Con la lista delante suele verse que unas pocas bombas, ventiladores y compresores en servicio continuo concentran la mayor parte del consumo. Para estimar la carga real de un motor puede consultar el artículo sobre relación de carga y dimensionado del motor.
La mayor pérdida está en el propio proceso
Cuando el caudal se regula estrangulando una válvula o cerrando una compuerta, el motor sigue girando a plena velocidad y la presión sobrante se disipa como calor. En bombas y ventiladores centrífugos la potencia varía aproximadamente con el cubo de la velocidad: bajar al 80 % reduce en teoría la potencia necesaria a casi la mitad (0,8³ ≈ 0,51). Con una altura estática elevada la ganancia es menor, pero en la mayoría de los sistemas de ventilación y recirculación sigue siendo importante.
Volvamos al ventilador del principio. Supongamos que durante la mitad del año, 3000 horas, basta con el 80 % del caudal y que el ventilador pide unos 29,6 kW en el eje. Con un variador de frecuencia al 80 % de velocidad, en lugar de estrangular, el ahorro teórico es 3000 × 29,6 × 0,49 ≈ 43.500 kWh. Las pérdidas del variador y la curva real del sistema recortan esa cifra, pero sigue muy por encima de lo que aporta cambiar la clase del motor. El cálculo completo está en el artículo sobre variadores, bombas, ventiladores y leyes de afinidad.
Hay además costumbres que pasan desapercibidas. Cintas que siguen girando durante las pausas, agitadores en marcha mientras esperan producto o compresores funcionando en vacío consumen potencia de magnetización y rozamiento; pararlos con un temporizador o una señal de nivel casi no cuesta nada. También cuentan las consignas exageradas, como una red de aire comprimido uno o dos bar por encima de lo necesario.
Una advertencia: la ley del cubo vale para cargas centrífugas. En máquinas de par constante, como las cintas transportadoras, bajar la velocidad reduce la potencia solo en proporción a la velocidad.
Potencia que se pierde entre el motor y la máquina
Una correa trapezoidal floja patina y se calienta; una demasiado tensa carga los rodamientos. Un acoplamiento desalineado añade rozamiento y desgasta los rodamientos antes de tiempo. En los reductores de tornillo sinfín el rendimiento baja de forma clara a medida que aumenta la relación, y en un accionamiento continuo la diferencia entre un sinfín de relación alta y un reductor helicoidal puede superar la que hay entre dos clases de rendimiento del motor. Por eso conviene mirar en la tabla del modelo el rendimiento y no solo la relación.
Si un ventilador accionado por correa gira siempre más rápido de lo necesario, corregir la relación de poleas puede salir más barato que instalar un variador. Hay ejemplos en la guía sobre ajuste de velocidad con poleas y correas.
Las pérdidas del propio motor
En el motor hay tres preguntas. La primera es la clase de rendimiento. Según IEC 60034-30-1, el rendimiento mínimo de un motor de 4 polos y 37 kW es 93,9 % en IE3, 95,2 % en IE4 y 96,1 % en IE5. En el ejemplo, con unos 29,6 kW en el eje, pasar de IE3 a IE4 reduce la potencia absorbida en torno a 0,43 kW según una estimación con el rendimiento a plena carga, unos 2600 kWh en 6000 horas. Es una cifra útil en un motor que no para, pero pequeña al lado de la oportunidad del proceso. El artículo seguir con IE3 o pasar a IE4 calcula la amortización según las horas de uso.
La segunda es el grado de carga. El rendimiento del motor asíncrono se mantiene bastante estable por encima de media carga, pero cae con claridad a cargas muy bajas y el factor de potencia empeora. Reducir un motor grande que trabaja al 30 % mejora ambos valores; intentar reducir uno que trabaja al 70 % suele traer más riesgo que ahorro.
La tercera es su historial. Un motor rebobinado varias veces, sobre todo si el paquete de chapas se sobrecalentó al desmontar el devanado, puede tener más pérdidas que cuando era nuevo. Para incluir la energía en esa decisión, vea rebobinar el motor o comprar uno nuevo.











