En una cementera, un motor de reserva de 90 kW destinado a un ventilador crítico pasó tres años en un rincón del taller, tapado con una lona. Cuando falló el motor titular, se montó el de reserva a toda prisa en el turno de noche y a los pocos segundos saltó el diferencial. La medición mostró una resistencia de aislamiento de apenas unos cientos de kiloohmios. El motor no tenía ninguna avería: tres inviernos de condensación matinal habían ido empapando el bobinado. La reserva, comprada para acortar la parada, la alargó dos días.
Un motor de reserva solo es un seguro si funciona el día que hace falta. Eso no se consigue guardando una caja en una estantería, sino con tareas pequeñas y periódicas mientras espera. Aquí las ordenamos según el tiempo de almacenamiento y el tipo de almacén.
Qué deteriora a un motor parado
Un motor en servicio se protege solo: se calienta y expulsa la humedad, y gira repartiendo la grasa. Uno almacenado no tiene ninguna de las dos ventajas, y avanzan tres procesos lentos.
El primero es la condensación. La carcasa de fundición se enfría de noche y, al llegar el aire templado de la mañana, la humedad se condensa por fuera y por dentro y alcanza el aislamiento del bobinado, la caja de bornes y los alojamientos de los rodamientos.
El segundo son las marcas en los rodamientos. Si el eje nunca gira, las bolas cargan siempre en los mismos puntos, y las vibraciones de una trituradora, una prensa o el paso de carretillas cercanas dejan pequeñas huellas allí. Es el llamado falso brinelling, que después se oye como zumbido y se mide como vibración.
El tercero es la grasa y la película protectora: con el tiempo la grasa puede separar aceite y asentarse en un lado, y el recubrimiento antióxido del extremo del eje se adelgaza.
El almacén decide la mitad del riesgo
- Almacén cerrado y calefactado: poca variación de temperatura y bajo riesgo de condensación. Es el lugar adecuado para existencias a largo plazo.
- Almacén cerrado sin calefacción: la diferencia entre día y noche provoca condensación en primavera y otoño. El motor debe estar sobre palé, separado del suelo.
- Cobertizo abierto o bajo lona: condensación más polvo y lluvia arrastrados por el viento. Una lona muy ceñida atrapa la humedad. No sirve para más de unas semanas.
- Contenedor de obra: muy caluroso en verano, y en invierno las paredes de chapa fría generan mucha condensación. Aquí es donde suelen estropearse los motores de proyecto que esperan su montaje.
Sea cual sea el almacén, el motor debe estar lejos de fuentes de vibración, levantado del suelo y sin nada encima. Una funda transpirable es mejor que un plástico bien apretado.
Qué hacer según el tiempo de espera
Hasta tres meses
Deje el embalaje de fábrica, pero ábralo una vez para comprobar que no hay daños. Verifique que el recubrimiento del extremo del eje y el chavetero están intactos, y que la tapa de la caja de bornes y los tapones de las entradas de cable están colocados. Normalmente no hace falta nada más.
De tres meses a un año
Gire el eje a mano unas cuantas vueltas completas una vez al mes y déjelo cada vez en una posición distinta, para que las bolas descansen sobre puntos nuevos y la grasa se reparta. En almacenes sin calefacción, alimentar la resistencia anticondensación mantiene el interior de la carcasa unos grados por encima del ambiente. Esta resistencia es opcional en las series de HEM Motor y conviene pedirla si ya se sabe que el motor pasará tiempo en stock. Medir el aislamiento cada seis meses y anotarlo permite ver pronto si el valor empieza a bajar.
Más de un año
Además de girar el eje y registrar las mediciones, antes de ponerlo en servicio hay que valorar el estado de rodamientos y grasa. Tras varios años, puede enviarse a un taller para renovar la grasa o revisar los rodamientos. La decisión depende del historial de mediciones y del tamaño: en un motor pequeño rara vez compensa; en uno grande y crítico no debe omitirse.











